El eco de la violencia de estado implantada a terror y sangre hace 47 años se puede oír resonando en diferentes partes de la moderna ciudad. En uno de esos lugares, ese eco navega entre aguas grises, objetos de desecho y piedras, recordando aquellxs cuerpxs despojados de humanidad, que fueron arrojados a sus aguas para demostrar que nadie podría escapar del inaugurado sistema: represivo, higienista, castigador, sobre todo con los recurrentes sujetxs oprimidos de la historia.
La performance realizada por las artistas Macarena Álvarez, Linda León y Catalina Carvajal, situada en la rivera del río Mapocho y basada en textos extraídos del libro homónimo de Nona Fernández, nos lleva a visitar un archivo del horror del cual podemos desprender elementos que resuenan en el Chile de hoy, no sólo como signos de un archivo estático y gris, sino como lugares que permiten el ejercicio de una memoria crítica, que conecta con acontecimientos y acciones que continúan presentes en nuestro devenir.
El ocultamiento de lo femenino como retórica dominante del discurso patriarcal, se pone en juego a través de la exhibición de un cuerpo semi desnudo, que se expone para evidenciar que la violencia ejercida quebró las cuerpas arrojadas al río, no sólo desgarrando carnes sino también almas, mediante recursos que el sistema dominante ha ofrecido a través de la historia. A los reconocidos modos de tortura para fracturar estxs cuerpxs, se sumaron aquellos con “sesgo de género”: la violencia sexual como lugar común de oprobio y humillación se tomó también las cámaras de tortura, y las cuerpas de mujeres, cual lienzo de esas prácticas, fueron registradas por los ojos en shock de aquellos que vieron sus despojos flotando rio abajo.
Texto completo en: https://observatoriogeneroymedios.com/remembranza/
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